Llamamiento a la Acción Internacional
Por la soberanía económica, política, cultural y medioambiental de nuestros pueblos, pongamos fin a la impunidad de las empresas transnacionales y a la captura corporativa. ¡Defendamos la democracia y nuestros derechos!
Las transformaciones geopolíticas y los cambios dentro del sistema capitalista están consolidando cambios en la naturaleza de los conflictos y en la actual correlación de fuerzas entre los pueblos, los estados y el poder corporativo. Ocho años después de su lanzamiento, la Campaña Mundial reafirma su visión del mundo y reitera la validez de su razón de ser: desmantelar el poder corporativo como poder hegemónico, poner fin a la impunidad corporativa y reclamar la soberanía de los pueblos.
Las transformaciones del capitalismo
La globalización neoliberal impulsada por las potencias capitalistas y sus empresas transnacionales (ETN) ha consentido la explotación salvaje del mundo por las grandes potencias económicas y financieras. Éstas se han apoderado gradualmente de nuestras vidas y del planeta, creando un manto de impunidad mediante el desmantelamiento del Estado de Derecho, la violación sistemática de la legislación -protegida por la arquitectura de los tratados y contratos internacionales de comercio e inversión que otorgan más derechos a los «inversores» y al capital que a los pueblos. Así, se han violado sistemáticamente los derechos de los pueblos, se ha destruido, saqueado y contaminado la tierra y sus recursos, y se ha criminalizado la resistencia popular. Mientras tanto, las empresas siguen cometiendo crímenes económicos y ecológicos, así como crímenes contra la vida de las personas, con total impunidad. Motivadas por el afán de lucro sin fin y el imperativo de crecer a cualquier precio para maximizar sus beneficios, las empresas transnacionales evaden y eluden el pago de los impuestos, tasas y aranceles que constituyen la base fiscal del Estado democrático. También fomentan la corrupción e intentan enfrentar entre sí a los trabajadores de distintas regiones. Esta realidad adquiere un carácter mucho más dramático y criminal cuando se refiere a los desplazamientos forzosos que no sólo tienen repercusiones locales, sino que empujan a pueblos enteros a huir de la pobreza -o de las guerras- para luchar por su supervivencia a riesgo de todo, incluso de sus propias vidas.
El rostro y la forma del poder corporativo también se han transformado a lo largo de las décadas. De la mano del mega todopoderoso capital financiero, en un mundo cada vez más financiarizado, las grandes corporaciones de la tecnología, la información y la comunicación se han consolidado como los nuevos ganadores, a la par, o incluso superando, a las tradicionales industrias química, farmacéutica, metalúrgica, petrolera, minera, agrícola y comercial. La nueva «economía de plataforma» está empujando a más personas hacia formas de trabajo flexibles y precarias, en las que las plataformas obtienen beneficios y los trabajadores soportan los costes y los riesgos. Las nuevas formas de explotación se superponen a las ya existentes y se extienden por todo el planeta y a todos los sectores de la economía.
Otra expresión de estas transformaciones es la modalidad de trabajo utilizada por las empresas transnacionales mediante el uso de cadenas de valor mundiales. Estas actividades pueden ser llevadas a cabo por una sola empresa o entre varias, que están conectadas en una única ubicación geográfica o repartidas en áreas más amplias. Sólo el 7% de la mano de obra está registrada o reconocida; el otro 93% es absolutamente invisible, trabaja en condiciones precarias y sin reconocimiento de sus derechos.
En este escenario, la identificación de los protagonistas del mundo corporativo, los empresarios de éxito o los nuevos y viejos «multimillonarios» coexiste con la fragmentación de las responsabilidades en la toma de decisiones corporativas. Al mismo tiempo que es posible identificar a estos nuevos protagonistas del capitalismo actual, se produce la consolidación del«velo corporativo» resultante de la financiarización de la economía y de la dinámica hiperacelerada de fusiones y adquisiciones, que ha hecho que la responsabilidad individual en las decisiones corporativas quede cada vez más en la impunidad.
Por último, la transformación del capitalismo en las últimas décadas ha conducido a la formación del Estado neoliberal, que se presenta como la piedra angular de una nueva fase expansiva del capitalismo. Esta nueva fase se caracteriza por el dominio del poder económico (ETN, bancos, instituciones financieras, etc.) sobre el poder político (gobiernos) mediante el desmantelamiento del aparato estatal y su captura por el sector privado. El objetivo de esta captura corporativa es simple: el Estado, y por tanto las organizaciones intergubernamentales internacionales, deben dejar de interferir en la lógica del mercado. El objetivo es favorecer la privatización y liberalización de todo el aparato público en favor del sector privado y acabar con el papel del Estado como centro del poder responsable y de la toma de decisiones. El estado y las organizaciones intergubernamentales sólo deben garantizar un clima empresarial y de inversión favorable para las empresas capitalistas.
Transformación geopolítica
El ascenso definitivo de China como potencia mundial, ampliando su influencia política y económica en el mundo, es una realidad indiscutible del sistema global. China se ha convertido en la fábrica global, el acreedor mundial y principal inversor internacional, y en un polo científico tecnológico. También es el primer socio comercial internacional de muchos gobiernos, ya que extiende su presencia a todos los continentes y su peso en la correlación de fuerzas mundial aumenta fuertemente. Al mismo tiempo, Estados Unidos, sin abdicar de su incontestable poder militar, declina lentamente en su responsabilidad de hegemonía mundial. A diferencia de épocas anteriores, los Estados Unidos de Donald Trump se han replegado sobre sí mismos, renunciando al «multilateralismo» y ralentizando el ritmo de las negociaciones sobre acuerdos multilaterales de comercio e inversión con el objetivo de dar prioridad a la defensa específica de sus intereses nacionales -a un sector de sus corporaciones y a las estrechas circunscripciones nacionalistas de su población- mediante acuerdos bilaterales o plurilaterales de libre comercio e inversión.
Las nuevas disputas geopolíticas congelan o hacen retroceder el statu quo del sistema de gobernanza internacional. La llamada «crisis del multilateralismo» es a la vez efecto y causa de esta transformación geopolítica. La decisión de desfinanciar el sistema de multilateralismo por parte de las potencias que lo crearon, especialmente Estados Unidos, está relacionada con las dificultades percibidas en las reglas «democráticas» que otorgan igual representación a Estados que «no son iguales de hecho». Se postula que esto se suma a una excesiva burocratización que dificulta la aplicación de las políticas adoptadas por el sistema. Todo ello ha contribuido a una interpretación que da menos relevancia al multilateralismo y, por tanto, a su mantenimiento económico y político. Esta minimización político-económica del sistema de la ONU sólo podrá revertirse mediante la fuerza y la presión sostenida de los movimientos sociales, los pueblos soberanos y los Estados comprometidos.
En su lugar, se está construyendo un multilateralismo privado paralelo -o más bien un enfoque multisectorial de la gobernanza mundial- defendido desde hace tiempo por el Foro Económico Mundial. El persistente vaciamiento de las instituciones multilaterales, que se traduce en su incapacidad para responder a los problemas mundiales, ha facilitado que los propietarios del capital y sus organizaciones (empresas, asociaciones empresariales, fundaciones empresariales filantrocapitalistas, foros empresariales, entre otros) creen fondos, asociaciones, «alianzas» y otros mecanismos para hacerse cargo de los distintos aspectos de la gobernanza mundial al margen de las instituciones gubernamentales. La educación, la sanidad, la migración, el asilo, los mares y muchos otros ámbitos ya han visto surgir este tipo de mecanismos privados para establecer estándares, normas, agendas y políticas públicas. Al mismo tiempo, los propietarios del capital están avanzando en la toma formal de la toma de decisiones en el sistema de la ONU mediante el establecimiento de estructuras de gobernanza multipartitas, de las que el Objetivo 17 de los ODS es sin duda el ejemplo más claro. La cooptación del sistema de gobernanza internacional por parte del capital, denominada «captura corporativa», ha avanzado a toda velocidad en la última década y sus repercusiones negativas en la vida de las personas son masivas.
En contra de los principios democráticos, las ETN usurpan las instituciones y, actuando con la complicidad de las clases dirigentes y las élites económicas nacionales, consiguen que se aprueben leyes y políticas que les permiten seguir saqueando la riqueza de las naciones y mantener su relación depredadora con la naturaleza. Han utilizado descaradamente mecanismos como la Responsabilidad Social Corporativa y los marcos de autorregulación voluntaria para privatizar las políticas públicas y rehabilitar su imagen frente a la creciente resistencia a que lo que realmente se necesita es un régimen de Responsabilidad Social Corporativa. Además, las ETN controlan los grandes medios de comunicación, así como las nuevas tecnologías, que desempeñan un papel clave para garantizar la continuidad de su hegemonía mediante la difusión de imágenes que presentan el modelo capitalista como el único camino posible hacia la satisfacción de las necesidades humanas.
Transformaciones políticas
Hemos sido testigos del fin de los gobiernos democráticos apoyados popularmente en la mayor parte de América Latina con los golpes de Estado en Brasil y Bolivia; la elección de Donald Trump en Estados Unidos, Boris Johnson en el Reino Unido, Victor Orban en Hungría, Rodrigo Duterte en Filipinas, Narendra Modi en la India. Junto con el crecimiento de las expresiones políticas ultraderechistas, neoconservadoras y protofascistas en diversas regiones del mundo, esto nos está llevando a un escenario hostil a los pueblos y a sus demandas de democracia, derechos humanos, paz y justicia social. El populismo de derechas recoge los frutos del fracaso económico de la globalización neoliberal para proporcionar bienestar a las personas, mientras se aprovecha sin escrúpulos y utiliza agresivamente las redes sociales digitales para proclamar la soberanía absoluta del individualismo, la cultura del emprendimiento individual y la quiebra progresiva de la razón colectiva, y de la solidaridad social.
Las organizaciones y movimientos populares, especialmente las comunidades y organizaciones feministas, LGBTQ, sindicales, campesinas, de pueblos indígenas, migrantes, refugiadas y afrodescendientes, son perseguidas y criminalizadas. Pero también las organizaciones de izquierda, incluidos los partidos políticos, sufren fuertes ataques. Hay una firme intención y política de desmantelar las organizaciones, no sólo a nivel territorial, sino en general las organizaciones y movimientos de las clases populares. Ante esta ofensiva, que hoy amenaza a movimientos como el sindical y el campesino, entre otros, es fundamental estar alerta y comprometidos con la defensa de las expresiones organizativas de los movimientos populares.
2020, año catalizador de las transformaciones del capitalismo mundial
La pandemia del Covid-19 expone todo el conjunto de factores anteriores de forma brutal: un problema sanitario mundial como éste debería tener una respuesta coordinada del sistema multilateral. Sin embargo, cooptada principalmente por los intereses de las grandes empresas sanitarias transnacionales, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha perdido su capacidad y se ve abocada al fracaso en su tarea. En lugar de una coordinación mundial, las respuestas se organizan de nuevo a escala nacional, atendiendo a intereses particulares, facilitando la propagación de la pandemia y desperdiciando la oportunidad de realizar esfuerzos colectivos para, por ejemplo, encontrar rápidamente una cura y aplicar una vacunación masiva en todo el mundo. Los sistemas sanitarios han sido víctimas del neoliberalismo y están cada vez más privatizados, y el acceso a los medicamentos y a las pruebas depende del sistema de patentes, que limita su acceso a unos pocos elegidos. Todo ello está promovido por el Banco Mundial, la propia OMS y regulado mediante acuerdos internacionales de comercio e inversión que protegen a las empresas farmacéuticas en lugar de a la población general, a los trabajadores de primera línea y a los sistemas de salud pública.
Lo que hemos hecho
En los últimos años, la Campaña Mundial ha luchado en distintas regiones para acabar con la impunidad de las empresas transnacionales y su avance sobre los territorios y los derechos de los pueblos. Hemos construido un proceso de tratado vinculante en el seno de Naciones Unidas, en el que nuestra participación se ha hecho imprescindible. Desde la propuesta inicial, tuvimos la audacia de cambiar los mecanismos tradicionales de negociación, de llamar a las puertas de distintos Estados y proponer cambios profundos en las relaciones internacionales. Junto con muchos otros, hemos mostrado nuestra solidaridad ante la creciente violencia empresarial en los territorios y contra los defensores de los derechos de los pueblos.
Nos unimos constantemente a cientos de luchas, campañas, redes, movimientos y organizaciones que luchan de distintas formas contra la apropiación de los destinos de las personas y del patrimonio natural. Nos movilizamos contra la violación de sus derechos, el desmantelamiento de la democracia y la captura del Estado y su reducción a su mínima expresión represiva, la privatización de los servicios públicos, la mercantilización, privatización y destrucción de los bienes comunes y la amenaza a la soberanía alimentaria por parte de las empresas transnacionales y sus conglomerados. En todos los rincones del mundo hemos conseguido importantes victorias. A través de la lucha, se ha conseguido impedir la realización de proyectos de las grandes transnacionales e incluso su expulsión de varios países. Los procesos políticos populares que han permitido revertir las privatizaciones en distintos países del mundo son un claro ejemplo de lo que pueden conseguir las luchas populares cuando los gobiernos locales, provinciales y/o nacionales llevan adelante las demandas y propuestas populares. Incluso la lucha contra los acuerdos de libre comercio y de protección de las inversiones ha obtenido victorias en algunas regiones.
Nuestra estrategia
Al desarrollar nuestras estrategias, reconocemos la importancia de otras luchas importantes, en las que hay que enfrentarse al poder hegemónico de las ETNs: fiscalidad, finanzas, deuda. Sin embargo, vemos la necesidad de pasar a una nueva fase de movilización y convergencia. Vemos, al mismo tiempo, el surgimiento de nuevos horizontes y de una nueva resistencia en varios ámbitos del capitalismo:
abiertos El mundo del trabajo -en la economía real y doméstica- se enfrenta a la 4ª Revolución Industrial y a las consecuencias de la reestructuración global del trabajo y la producción.
abiertos En el ámbito de la alimentación, la lucha de los campesinos, los trabajadores agrícolas y los pueblos de pescadores ha mostrado el camino a seguir en materia de soberanía alimentaria, incluidas las semillas y la biodiversidad.
abiertos En cuestiones de agua, se han conseguido muchas victorias, pero en el campo y en la ciudad, el agua sigue siendo una lucha central para garantizar la sostenibilidad de la vida.
abiertos Del mismo modo, en la sanidad, la educación y otros servicios públicos estrechamente vinculados a los derechos humanos, se han trazado las líneas de batalla para contrarrestar las consecuencias negativas de la privatización y el multipartidismo.
Necesitamos lanzar un amplio llamamiento a nuevos intercambios sobre las estrategias necesarias para poner en marcha los cimientos de un Patrimonio Común Mundial que pueda ser defendido por una nueva militancia por la soberanía de los pueblos.
Pensamos hacerlo a través de nuestra Campaña Mundial, llegando a otros espacios donde se están produciendo luchas paralelas; también participando en luchas militantes como las ocupaciones de tierras en América Latina, el «Derecho a Decir No a las Empresas» en el sur de África, las Barricadas Populares en las zonas libres de ETNs en Filipinas, los experimentos en gobiernos municipales y locales que rechazan las compras gubernamentales por parte de las ETNs, y los parlamentarios, así como los gobiernos que abrazan la necesidad del Tratado Vinculante.
Nos comprometemos a seguir avanzando en el desmantelamiento del poder corporativo de las ETNs y en la construcción de la soberanía popular desde nuestras organizaciones y procesos, y para ello identificamos transformaciones estratégicas:
En relación con los cambios del capitalismo
Cambiar el marco institucional que garantiza la impunidad de este sistema corporativo de producción, distribución y consumo. En este sentido, luchar por la inclusión de visiones populares y mecanismos para avanzar hacia la justicia social en el marco del Tratado de la ONU sobre Empresas Transnacionales y Derechos Humanos, y otros instrumentos públicos globales de control de la actividad económica privada internacional, incluyendo las finanzas y la fiscalidad global.
Denunciar, bloquear e invertir la «captura corporativa» de la gobernanza global y avanzar hacia una participación real de los pueblos y sus expresiones organizativas en la definición de políticas públicas y directrices globales frente a problemas sistémicos, como el cambio climático, la salud global, la migración y la alimentación.
Generar formas de producción solidarias para acabar con la explotación de la vida, expresada no sólo en la extracción del patrimonio natural, sino también del trabajo y los cuerpos de las personas, mujeres y hombres. Frente a las cadenas globales de producción, promover un internacionalismo solidario que ponga en el centro las necesidades humanas, la soberanía alimentaria, el trabajo y la vida digna.
Avanzar en la construcción de la paz y la justicia social como condición mínima para el ejercicio de la democracia, en el camino de los proyectos políticos populares. Los conflictos armados, en los territorios y entre las naciones, forman parte del capitalismo de la muerte, que se alimenta de las disputas políticas, raciales, religiosas y por los recursos naturales, en beneficio de la industria armamentística. La defensa de la paz, la democracia y la coexistencia pacífica entre pueblos y naciones debe ser una parte esencial de la campaña mundial.
En cuanto a los cambios geopolíticos
Redoblar el compromiso con el multilateralismo, defendiendo el fortalecimiento y la democratización de las instituciones multilaterales como espacios legítimos de negociación internacional, el respeto a la soberanía de los pueblos y de los Estados, en un espíritu basado en la cooperación internacional, la solidaridad entre los pueblos y los Estados y el rechazo a las guerras y a todo tipo de injerencia en los asuntos internos de los Estados.
Enfrentarse al multilateralismo privado en construcción, que, mediante la captura corporativa de los Estados y de los espacios intergubernamentales internacionales, intenta establecer nuevas formas de gobernanza global, instituidas ad hoc a favor de los intereses corporativos.
En cuanto a la necesidad de cambios geopolíticos
Para desmantelar el poder de las empresas transnacionales y acabar con su impunidad, y recuperar así nuestra soberanía popular, debemos oponer una resistencia popular organizada al avance de la derecha reaccionaria, capitalista, oligárquica, patriarcal, misógina, racista, xenófoba, fundamentalista religiosa e incluso fascista en todo el mundo, y desplazar a estas fuerzas reaccionarias de los gobiernos. Por tanto, es clave construir la unidad en torno a un proyecto político popular para acabar con la apropiación de las ETNs.
Es necesario defender los territorios, pero también los derechos del pueblo, su soberanía y los proyectos políticos populares. La lucha contra las ETNs exige hoy más que nunca desarrollar, impulsar y defender un proyecto político popular que nos permita disputar no sólo los territorios, sino la arena política desde una perspectiva de clase, anticapitalista, antirracista, feminista, anticolonial y antiimperialista.
Hoy, cuando las transnacionales acumulan y ejercen más poder económico, político y cultural que muchos Estados, incluso desarrollados, y cuando su poder de captura del Estado y de las instituciones multilaterales ha alcanzado límites hasta hace poco impensables, la movilización popular es una condición indispensable, pero no suficiente si no se expresa en fuerza política para transformar nuestras democracias en sistemas políticos verdaderamente emancipadores. Sólo la construcción de proyectos políticos populares participativos ofrecerá ciertas posibilidades de protegernos -a la ciudadanía y al Estado- de las diversas formas de apropiación y «captura corporativa».
Las organizaciones y movimientos sociales abajo firmantes os invitamos a unir fuerzas y construir juntos este proceso de movilización, organización y campaña global contra el poder de las transnacionales y sus crímenes contra la humanidad y contra la Madre Tierra. Movilizaremos un poderoso movimiento popular con una perspectiva de justicia de clase, social, económica, medioambiental y de género, incluyendo una perspectiva feminista y antirracista, en una acción solidaria e internacionalista por la defensa de nuestros derechos y de la democracia. Construiremos un mundo libre del poder y la codicia de las empresas transnacionales: queda mucho por hacer y avanzamos firmemente en esa dirección.