Desde 1990 se quiso desmontar el monopolio estatal de las telecomunicaciones colombianas, un excelente negocio para el país que se desarrollaba con una empresa moderna y eficiente como lo era Telecom. En este propósito se deterioró a la empresa a través de la entrega de las operaciones más avanzadas como la telefonía celular a empresarios privados, principalmente europeos.
